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27 de enero de 2012

REVISTAS, REVISTAS Y ALGO MÁS

Hace tiempo que quería poner fotos de la revista El Costurero, ya hice referencia a ella hace tiempo aquí, cuando aún no tenía ningún número en mi haber, pero ahora van por el número 2, es un número dedicado a Alcia en el pais de las maravillas, y es una monada de número, con patrones y DIY que se pueden hacer(tejer, crochetear, coser o cocinar) sobre los personajes del cuento de Lewis Carol.

El Costurero tiene una página web/blog que también es muy recomendable, con ideas para hacer trabajos manuales (es decir DIY o handmade) tan bonitos como éstos.


Yo ya he añadadido la página a mi lista de blogs imprescindibles.

Que el punto está de moda es un hecho, la Revista Mía de tirada nacional también dedicó un especial al hecho de que mucha gente a lo largo y ancho del mundo está encantada con este hobby, no sólo mujeres, sino también hombres y sin importar para nada la edad. Es estupendo ver cómo poco a poco va calando en los medios de comunicación.

Además el canal de televisión Divinity va a dedicar a partir del 6 de febrero un espacio diario sobre el punto, cómo coser botones, tejer ropa o complementos que se llamará Tricotosas.

Logo de 'Tricotosas', el nuevo espacio de Divinity

6 de junio de 2011

De caza


Esta semana me he apuntado al book-crossing, me parece una iniciativa estupenda y me gustaría recomendar su uso y también disfrute. Creo que el momento en que un libro se cruza en nuestro camino es un momento especial, lleno de emoción y suspense, empezar a mirar las páginas, ojear las portadas, olerlo, es un verdadero placer. Por eso, en esta semana en que se celebra la feria del libro de Madrid, quiero preguntaros ¿cuál fué el libro que os incitó a leer? ¿aquel que tenéis guardado con cariño? ¿el que os hace regresar a una infancia infinita?

Yo no puedo quedarme sólo con un uno, pero me encantó El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, Thank you Fog de Auden, y Los perros de la Morrigan de Pat O'Shea.

Esta mañana aparece publicado en El Pais digital este artículo:


05 junio, 2011 - 10:30 - Juan Cruz

La armonía de los libros

Entre las cosas que me producen armonía están los libros. Están también los museos, las papelerías, las conversaciones sosegadas, la contemplación del horizonte (del campo, del mar), el sonido del agua al caer, la mirada sonriente de un niño, el recuerdo de las bromas o de los sueños de mi madre, la risa espontánea de los niños que aún no hablan, el sol, las ventanas abiertas al sol del mediodía ante la playa... Pero de todas las cosas son los libros los que me producen mayor armonía, los libros que leo, los libros en las estanterías ofreciéndose como motivos de conocimiento, de conversación o de placer, los libros en las bibliotecas, esos libros ya leídos que han conversado con tanta gente, los libros. Ayer estuve en la Feria del Libro de Madrid. Desde la altura de la caseta 80, cerca de la calle de Alcalá, la imagen era la de un río humano desplazándose con el ritmo de los grandes peces en torno a las innumerables casetas en las que está expuesto el universo de las novedades o de los libros de fondo, las colecciones o los libros sueltos, a veces desamparados, en todo caso arropados ahora por el sol y la sombra del Retiro ante miradas impávidas o entusiastas de la gente que va a comprar o que va a ver, simplemente, buscando interlocutor o silencio en los libros que compran o que tan solo ojean. Dos días antes estuve en este mismo lugar, al atardecer, a participar en un coloquio con editores (o exeditores, este es mi caso) que organizaba el Fondo de Cultura Económica. El tema, como siempre, el porvenir del libro. Dijo Manuel Borrás, de Pre-textos, que ya está harto de que se hable tanto del soporte (si el libro va a ser de papel o si se va a leer en pantalla), porque esa discusión ha impedido que se hable de los contenidos. Tiene razón, debería hablarse más de lo que dicen los libros. Y se hace, pero es cierto que cada día hay más ruido sobre los soportes. Ahora bien, de lo que no se habla ya es de que el libro vaya a desaparecer, pues será libro en cualquiera de los soportes que se vayan imponiendo. Parece evidente que el libro en pantalla se abre paso y será en el futuro un elemento más de la vida del lector, que seguramente alternará también el libro impreso con el libro digital. Cambiarán muchos factores, y cambiarán sobre todo las librerías, a las que toca adaptarse al universo que viene. ¿En qué sentido han de cambiar? Esa es la discusión más sorda pero más preocupada, y es la que está latente en estas estanterías que ahora comparten el sol en el Retiro mientras los lectores pasean para ver quién firma o para ver qué compran o para ver. ¿Será este paisaje el habitual en los años próximos en el mismo parque o en otras plazas de España donde se exponen los libros de la feria? Lo que espero que no cambie nunca es la impresión que deja el libro en quien lo lee: que está hablando sosegadamente con alguien que o sabe más o lo está diciendo de modo que nutre tu propio entendimiento, tu capacidad de conversación o tu sentimiento de placer. En mi caso, un libro siempre, o varios libros, en el viaje, en la casa, en la lucha o en el sosiego. Leer para vivir. Decía Saramago que leer es bueno para la salud. En todo modo, en cualquier circunstancia. Para mirar de otro modo sobre lo que creemos que sabemos.

Como hoy es lunes y cuesta mucho levantarse para casi cualquier cosa, por ello, os dejo este artículo, que a mí me ha levantado la manaña.

11 de mayo de 2011

Henning Mankell

Ayer puse un post sobre un libro que estoy leyendo del autor sueco Henning Mankell, tengo que reconocer que me gusta la novela negra, aunque no leo a Mankell por esto, pese a ser auténticamente fan de su personaje del inspector Wallander, leo a Mankell porque es un hombre que sabe ver más allá de lo puramente novelesco, si se puede decir así, para llevarnos a lo más hondo del alma humana, a los miedos, a las contradicciones, a los fantasmas que nos acechan por la noche, sin perder la perspectiva de lo global, como si todos estuviéramos imbricados en una red cuya extensión completa no podemos ver.

Pues bien, ya es la segunda vez que me pasa ultimamente, esta mañana he abierto la edición digital de El Pais y ahí estaba este artículo:

Henning Mankell: "Ahora mismo el centro de Europa está en Lampedusa"

El escritor sueco, premiado en Santiago de Compostela por los alumnos de un instituto

DIANA MANDIÁ - Santiago de Compostela - 10/05/2011
Henning Mankell está acostumbrado a los premios -en 2007 recibió el Pepe Carvalho de novela negra- pero esta vez quienes lo han galardonado han sido los jóvenes lectores del instituto compostelano Rosalía de Castro, que cada año convocan el Premio San Clemente para traer al centro a tres escritores de culto, uno gallego, otro español y un tercero extranjero. En las 16 ediciones que acumula el premio, han pasado por este instituto público autores como Mario Vargas Llosa, Antonio Tabucchi, José Saramago o Haruki Murakami. Al reconocimiento de los jóvenes -que escogen una obra entre varias propuestas- se suman 3.000 euros de premio y una cena con los estudiantes en el Hostal dos Reis Católicos, en plena Praza do Obradoiro.

Este martes por la tarde, Mankell charlaba con periodistas y alumnos sobre su faceta de escritor de novela negra e intelectual comprometido. Se nota que ninguna obra suya le hace sentir más orgullo que el Teatro Avenida de Maputo la compañía teatral que dirige en Mozambique y con la que que ha llevado a escena a Brecht, a Shakespeare o a Lorca, ante un público en su mayor parte analfabeto. Henning Mankell nació en 1948 muy lejos de África, aunque desde hace 25 años pasa largas temporadas en Maputo.
"Fui a África por primera vez en 1971 porque quería ver el mundo desde una perspectiva distinta a la europea. Gracias a eso estoy entendiendo mejor la condición humana", asegura en portugués. Mankell era el único escritor a bordo de la flotilla humanitaria que en 2010 fue atacada por el ejército israelí cuando intentaba romper el bloqueo a Gaza. "Como intelectual tengo una responsabilidad y hago todo lo que puedo", dice ahora, aunque todavía no sabe si participará en la acción de este año. Se confiesa entusiasmado ante los cambios democráticos de los países árabes y llama a vigilar su evolución en los próximos meses. "Cuando me preguntan dónde está el centro de Europa, yo digo que ahora mismo está en Lampedusa. Tenemos un grave problema en el sur de Europa que hay que solucionar".
Las historias de violencia que ha novelado ?cuyos móviles enrevesados acaban destapando una lucha feroz por la dignidad? son inseparables de su faceta de autor comprometido. También El Chino, la obra que le ha valido el reconocimiento de los alumnos gallegos, puede entenderse así. El brutal asesinato de 19 personas en un pueblo casi deshabitado de Suecia acaba comprometiendo la estrategia de una China que se abre al capitalismo y a la conquista de África. La novela nace de la preocupación de Mankell por la toma de posición del gigante asiático en el continente africano. "Tenemos que estar atentos para que China no inicie una nueva posición colonialista en el mundo", advierte el sueco.

Es como una casualidad, pero reconozco que me encanta, pues hace que me sienta un poquito parte del mundo que me rodea el saber que, aunque la tecnología mal entendida es causa de muchos de los problemas que nos azotan, también nos posibilita acceder a mucha información. Así que os recomiendo que lo leais, tanto sus libros sobre África, como los de la serie de Wallander.

10 de mayo de 2011

Lecturas


Después de varios fines de semana pasados por agua (quién lo diría, ya que estamos en mayo y en Murcia ya se sabe...), este finde por fin a hecho buen tiempo, sobre todo el domingo, así que me pase la tarde entera en la terraza leyendo (a Henning Mankel, la Leona Blanca), un día perfecto.


4 de mayo de 2011

A room with a view

Ultimamente he estado leyendo el libro de Virginia Woolf Una habitación propia, y, casualidades de la vida, ayer encontré en la edición digital de el diario El Pais (de la que soy asidua) este artículo escrito por Antonio Muñoz Molina, así que no puedo dejar pasar la oportunidad de que lo leais porque me parece fundamental en los tiempos que corren que valoremos la labor que una parte fundamental de la sociedad (las mujeres) empezaron a hacer hace ahora ya un siglo con mucho esfuerzo y sin casi ningún apoyo para que las generaciones posteriores podamos disfrutar de cosas tan evidentes como poder ir a una biblioteca por nosotras mismas.

Habitaciones con ventanas

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 30/04/2011
No hacen falta demasiadas cosas en la vida pero sí una habitación con una ventana; una habitación que sea de uno y con una puerta a la que en caso necesario se le pueda añadir un pestillo o echar la llave, como dice Virginia Woolf; una habitación con una ventana por la que entre algo de luz natural y desde la cual se pueda observar un fragmento de vida y un ingreso decente que le conceda a uno el sosiego necesario para sus indolencias o para sus tareas sin beneficio asegurado. En 1928, Virginia Woolf calculaba que una mujer, para dedicarse libremente a escribir, necesitaba 500 libras al año aparte de una habitación con un pestillo. Un día de octubre de ese año, el 26 exactamente, Virginia Woolf estaba escribiendo su ensayo sobre las mujeres y la literatura y al asomarse a la ventana de su habitación vio una calle de Londres populosa de gente y de tráfico. Al cabo de un momento el tráfico se apaciguó y casi se hizo el silencio, y entonces Woolf vio a un hombre y una mujer jóvenes que se encontraban en una esquina y caminaban juntos hasta tomar un taxi. La imagen inexplicablemente la llenó de felicidad; le despertó uno de esos estados de íntimo entusiasmo que hacen posible la literatura y que son instigados por ella, y en los que, dice ella, tenemos la ocasión de ver la realidad tal como es, sin ningún velo de distracción que la oculte.

Vuelvo a Una habitación propia porque he ido al Metropolitan a ver una de esas exposiciones de las que uno se marcha a regañadientes, porque tiene algo más que hacer, porque los vigilantes avisan de que el museo cerrará dentro de quince minutos. Se titula Rooms with a View: tres salas no demasiado grandes con pinturas, grabados y dibujos de habitaciones con ventanas abiertas de la primera mitad del siglo XIX. Habitaciones austeras y deshabitadas, sin más presencia que la luz que entra por las ventanas; habitaciones en las que alguien se atarea haciendo algo tan ensimismadamente que no mira al exterior; habitaciones en las que un hombre o una mujer de espaldas se asoman a la ventana abierta y al paisaje que hay más allá.
Que existan cuadros de habitaciones con ventanas abiertas a nosotros nos parece lo más normal del mundo, pero el tema solo aparece en la pintura a principios del XIX. En los cuadros de Vermeer hay ventanas de cristales emplomados por las que casi siempre entra una claridad de mañana o tarde con nubes, pero a esas ventanas casi nunca se asoma nadie, y nunca llegamos a saber lo que se ve por ellas. Los personajes de Vermeer permanecen recluidos en sus espacios interiores, en las cartas que leen o en la leche que vierten en un cuenco, en las conversaciones con viajeros que han llegado de lejos.

La ventana abierta a lo que aparece más allá solo existe desde el Romanticismo, sobre todo el romanticismo nórdico, el de Alemania y Escandinavia, el de las habitaciones despojadas pero también acogedoras, el de la vida retirada que se abre soñadoramente a un paisaje que la soledad o la luz vuelven de algún modo remoto, tocado por la ansiedad de ver lo que está mucho más lejos, de experimentar una luz meridional que sea mucho más fuerte. Hay que tener una habitación con una ventana para disfrutar del aislamiento sin el cual casi ningún trabajo bien hecho es posible y para despejar la conciencia y también la mirada después de una concentración excesiva. Sin la posibilidad de echar la llave y sin la garantía de unos ingresos regulares la habitación sería inútil, insiste Virginia Woolf con descaro magnífico. Las habitaciones de Friedrich, de Kersting, de Adolf Menzel, del asombroso Wilhelm Bendz, de Johan Christian Dahl, tienen algo de la refinada pobreza de una celda de monasterio trapense o zen, pero son interiores burgueses que presuponen un confort bien costeado, una seguridad económica que mantiene a raya el desorden del mundo exterior. Nunca las mujeres tuvieron el derecho a una habitación así, recuerda Woolf: en sus casas de clase media sin muchos recursos, a Jane Austen o las hermanas Brontë no les quedaba más remedio que escribir en medio del barullo de la vida doméstica. Cuando llegaba una visita inesperada, Jane Austen escondía debajo de la labor de bordado las hojas en las que había estado escribiendo. Sabine Rewald, comisaria de la exposición en el Metropolitan, anota el hecho llamativo de que esa pintura de habitaciones apacibles tuvo su gran momento en Alemania y Dinamarca precisamente en una época de grandes desastres, en los años peores de las guerras napoleónicas, de las invasiones y las epidemias, de la ruina económica. Como tantas veces, el arte parece que retrata con cuidado escrupuloso una realidad y está representando un sueño. La serena luz báltica de esas habitaciones junto a las cuales borda o dibuja una mujer o escribe una carta un hombre o comienza un boceto un pintor alumbra mundos protegidos en los que no cabe la intemperie ni la desgracia. Las ventanas son grandes, con hojas de cristal que muy poco tiempo antes habrían sido carísimas o imposibles de fabricar. El sosiego pastoral se sostiene sobre las innovaciones tecnológicas de la revolución industrial y los beneficios del comercio: en un cuadro de Friedrich una mujer asomada a una ventana ve pasar un velero que traerá al puerto bienes de lugares lejanos, quizás de las colonias, como el tabaco que llenará esas pipas de porcelana que a veces se ven apoyadas en los alféizares. Desde estos climas sombríos los pintores viajan al sur y en las ventanas se ven los cipreses y las cúpulas y las ruinas de Roma, la silueta del Vesubio, la belleza cegadora de la bahía de Nápoles.
Pero esos espacios interiores son también los de las novelas. Las pinturas de habitaciones con ventanas se hacen populares en Europa al mismo tiempo que el desarrollo industrial de la imprenta y el progreso en la alfabetización de las nuevas clases medias convierten a la novela en la forma más popular de literatura. No solo para escribir novelas hacen falta una habitación propia y las quinientas libras anuales que calculaba Virginia Woolf: también para leerlas, para sumergirse solitariamente en ellas, para convertirlas en equivalentes de esa ventana gracias a la cual se ve un más allá de la propia vida que de otro modo no sería accesible. Leer en calma, sin distracciones, junto a la luz de la ventana. Apartar los ojos del libro para asomarse a ella, para observar a alguien que pasa, para intuir la novela de la intimidad de los vecinos o de los desconocidos. Para escribir a lo largo de muchos años el torrente de palabras de su poesía y de sus cartas Emily Dickinson necesitó poco más que una habitación con una ventana que daba a un cementerio de pueblo. Cuando ya era tan viejo que no podía salir a la calle André Kertész siguió haciendo fotos del paisaje escaso que veía desde la ventana de su apartamento en Nueva York. Quien tiene un cuarto con una ventana ha encontrado su sitio en el mundo.

Rooms with a View: The Open Window in the 19th Century. Metropolitan Museum. Nueva York. Hasta el 4 de julio. www.metmuseum.org antoniomuñozmolina.es

3 de diciembre de 2010

HACER CALCETA MOLA

Hola, mirad qué buena pinta tiene esta revista (ojo, que encima es en español), a ver si puedo conseguirla por internet, me encantaría echarle un vistazo.
Viene publicado el artículo en EL Pais (edición digital)

Hacer calceta mola

Portada de la revista 'El costurero'

La revista 'El costurero' confirma el auge del movimiento 'craft' - Japón y EE UU abanderan esta oleada

ANTONIO FRAGUAS - Madrid - 02/12/2010
Puede ser una secuencia de la película El exorcista reproducida en peluches de punto, un jersey colorista para un perro salchicha o una funda de tela para un reloj digital de pulsera. Las manualidades con hilo y aguja (y en otros soportes), las arts and crafts (artes y oficios, en jerga inglesa), hace años que han dejado de ser cosas de abuelas y ganan adeptos, chicos y chicas, que organizan quedadas para intercambiar ideas, graban vídeos explicativos y los cuelgan en una pujante comunidad de blogs y redes sociales temáticas. En este caldo de cultivo nace El costurero, una revista bimensual y bilingüe en español e inglés... y en papel (aunque con una potente versión digital en http://elcostureromagazine.blogspot.com/ ).

"Simplemente nos gusta el papel (lo utilizamos reciclado y ecológico), la fotografía, el diseño, hacer algo especial y ofrecérselo a una audiencia muy concreta", indica desde Sevilla Anabel García, nieta de modista y editora de El costurero. El primer número de esta revista (acompañada de un cuadernito y un colgador de pendientes en papel) se puede encargar en Internet o adquirir en locales y tiendas especializadas a un precio de cinco euros.
La apuesta de García responde a la intuición de que cada vez hay una demanda mayor de publicaciones sobre el fenómeno del hazlo tú mismo (DIY, en sus siglas inglesas). "La mayoría de ellas están escritas en inglés o en japonés, sin embargo su difusión es internacional. Por tanto hay demanda de libros en español y en un sentido inverso, hay mucho interés por parte de los angloparlantes por conocer la cultura artesana iberoamericana".
Durante la crisis económica de los setenta, los rescatadores de la cultura popular, mezclados con una veta hippy, ganaron fuerza entre las élites intelectuales. Ahora, coincidiendo con otra crisis económica, vuelven pero con un estilo más indie e irónico. "Lo novedoso es la utilización de estas técnicas para realizar diseños más contemporáneos, y que el rango de personas a las que interesa es mayor. Prácticamente no se utiliza la palabra manualidades, se ha sustituido por handmade [hecho a mano, en inglés] o craft, y gusta tanto entre hombres como en mujeres de muy diversas edades", señala García.
"Es inevitable hablar del arts and crafts como gran tendencia que vuelve sus ojos al pasado para encontrar una manera apacible de entender el mundo y el trabajo", apunta el sociólogo y cazador de tendencias Miguel Fernández de Molina en su blog, Señales débiles.
Anabel García admite la existencia de un modo de vida craft: "Se nota en cosas sutiles, actitudes hacia el medio ambiente, la forma de consumir, más sostenible, el reciclaje, el aprecio por las cosas bien hechas y de calidad... Es una (pequeña) revolución cultural, artística y social".

14 de octubre de 2010

MANARA & CO


Hoy quiero dejar constancia de la entrevista que hacen en el diario El Pais a Milo Manara,

Nunca los sueños fueron tan reales como en los cómics de Manara

 MILO MANARA, autor de cómic


MARIANGELA PAONE - Madrid - 14/10/2010

Milo Manara

El dibujante Milo Manara posa con uno de sus dibujos.- SAMUEL SÁNCHEZ
El lápiz acaricia la hoja blanca del papel y en unos segundos la llena de una mirada cálida y de una montaña de rizos. Es una cara de chica, pero no una chica cualquiera. Es la chica de Milo Manara (Luson, Italia, 1945). El maestro del cómic erótico y uno de los grandes nombres europeos de las historietas, está sentado en una butaca de metal que lleva impreso uno de sus dibujos. Ha venido a Madrid a dar una charla sobre su amigo Federico Fellini para el encuentro que cierra el ciclo dedicado al director italiano en CaixaForum, pero antes ha querido inaugurar la colección de mobiliario que una empresa de diseño española (Nekko Design) le ha dedicado. Llega con tres horas de retraso, pero nada más entrar se deja fotografiar y empieza a charlar como si no llevara encima los más de 600 kilómetros de carreteras que ha hecho desde Barcelona. La imagen es felliniana. En la sala donde relucen las bocas sensuales y las largas piernas de sus mujeres, y la música se mezcla al vocerío, todo para cuando, al final de la entrevista, coge el lápiz y empieza a dibujar. De sus manos, que en el fervor del la rebelión del 1968 dejaron la pintura para el cómic -porque le permitía recuperar una función social que el arte tradicional no tenía, suele contar-, han nacidos las fantasías sensuales de generaciones de lectores (El Click o El Perfume del invisible) pero también las escenas de las películas que Fellini persiguió toda la vida y nunca rodó (Viaje a Tulum y El Viaje de Mastorna), o obras a dos manos con Hugo Pratt como El gaucho. Y historia, mucha historia, una de las grandes pasiones de Manara. Como Los Borgia, la saga que aún no ha acabado, y los memorables capítulos de la Historia de Italia en cómic.
Para EL PAÍS
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Dibujo de Milo Manara para EL PAÍS.- MILO MANARA
Pregunta. De su obra se han hecho películas, anuncios publicitarios, catálogos de moda, muebles...Es la industria cultural, pero ¿no le preocupa convertirse en una marca?
Respuesta. Si se trata de cosas como estas, divertidas, no. Pero por ejemplo una firma de ropa interior hace poco me pidió vincular mi nombre a una colección y dije que no porque en este caso, sí, mi nombre se convertiría en una marca.
P. En 1969, en la Bienal de Verona (un año después de la contestación en la más famosa Bienal de Venecia) presentó la obra Il calcio alla vacca (La patada a la vaca), un autorretrato en el que daba una patada a una vaca que representaba el arte figurativo tradicional. ¿Hoy qué es la vaca? ¿A qué daría una patada?
R. [Se ríe]. Es demasiado fácil decir la televisión. Yo la considero una de las invenciones más importantes de la humanidad. Pero es el uso que se hace de ella, sobre todo en Italia. Aquí por lo poco que he visto hay menos publicidad. En Italia la televisión, una invención importante desde el punto de vista cultural, solo se usa para dos motivos: promocionar productos e indoctrinar a la gente, influenciar a la opinión pública. En este sentido seguramente sería la vaca.
P. ¿Cómo viven las mujeres de Manara en la Italia de las velinas?
R. Cuando yo lo digo alguien se sorprende pero para mí una cosa muy irritante es el uso del cuerpo de las mujeres en los anuncios. Para promocionar cualquier cosa, una botella, una silla, el pegamento de silicón, se pone al lado una mujer poco vestida. Para mí es muy irritante...Puede parecer sorprendente dicho por mí. Pero yo siempre distingo: mis chicas son dibujos, no son personas verdaderas, vivas, mientras que la humillación se ejerce sobre personas vivas. Y luego, mis chicas venden solo ellas mismas, se proponen con su simpatía, belleza, sensualidad, para hablar de erotismo. Un argumento que me gusta porque es uno de los valores de la humanidad. Sabemos que todo lo que es cuento se rige por el amor y la muerte. La vida misma se rige por estas dos cosas.
P. ¿Y qué es para usted la vulgaridad?
R. Fingir que se está diciendo una cosa mientras se está diciendo otra.
P. ¿Y el erotismo tiene aún la función de liberación, de emancipación, para la que usted lo eligió?
R. Cierto que sí aunque no como cuando yo lo elegí como argumento central de mi obra: hablamos de los años setenta y eso tenía un poder subversivo muy fuerte. Ahora, especialmente después de Internet, seguramente no lo tiene. Pero cierto tipo de erotismo más libre, menos enjaulado en una dimensión maniaca, un erotismo vivido más libremente aún está muy lejos. Ahora el erotismo está lleno de morbo. Mientras que el erotismo que yo dibujo quiere ser algo tranquilizante.
P. ¿Quiere decir que en la época del "todo a la vista", el erotismo ya no es expresión de libertad?
R. Sí. No me parece que tenga un poder liberatorio desde el punto de vista de la serenidad de las personas.
P. ¿Ha tenido algún problema con las feministas? ¿Le han reprochado algo?
R. No, todo lo contrario. Una vez organizamos un encuentro en la ciudad de Siena. Yo estaba muy a la defensiva pero la moraleja del encuentro fue que a ellas también le gustaba el erotismo que hacía...En mis historietas las protagonistas siempre son las chicas. No hay un hombre que mueve los hilos, a parte de mí. Siempre son personajes completamente autodeterminados, no son manipulados por nadie.
P. ¿Qué queda ahora de Manara que participó a la rebelión de 1968?
R. Mucho, muchísimo. Pero creo que con respecto al '68 he dado un paso más. Entonces se creía que todo era política, que el privado fuese política, que todo se podía reconducir a la dimensión política. Ahora yo creo que todo es cultura. Y que cualquier elección política es también una elección cultural. Creo que la cosa más importante es la educación, preocuparse de saber, de conocer, de darse una propia cultura.
P. ¿Cómo era trabajar con Fellini? ¿Qué es lo que echa de menos de trabajar junto a él?
R. Echo de menos a él, al mismo Fellini. Porque me divertía mucho hablando con él, riéndonos durante las pausas. Era una referencia: yo sabía que estaba ahí y mientras yo trabajaba sabía que él podía juzgar mi trabajo. Pero trabajar con él ha sido muy duro. Ahora estoy trabajando con Alexandro Jodorowsky [con el director chileno, Manara ha realizando la serie Los Borgia, publicada por Norma Editorial]. He trabajado con Hugo Pratt con otros como el periodista Enzo Biagi o Vincenzo Cerami... Pero el trabajo más difícil ha sido con Fellini. Él sabía exactamente lo que quería y hasta que el resultado no era el que él quería, había que corregir, rehacer. Con Pratt siempre he tenido máxima libertad. Él escribía el texto y la puesta en escena era mía. Con Fellini, no: la puesta en escena era la suya, y yo solo era un ejecutor material de su imagen.
P. ¿Por qué Fellini conseguía representar tan bien la sociedad contemporánea?
R. Las películas de Fellini más feroces, las últimas -Ginger y Fred, La voz de la luna, La entrevista- representaban un acto de acusación terrible hacia una sociedad que ha perdido cualquier sustancia cultural, espesor cultural...Cuando yo hablo de cultura no hablo solo de Proust, de Thomas Mann. También en el entretenimiento hay una elección cultural, también cuando se hace televisión, espectáculo. Si se busca la calidad ya es una elección cultural muy importante. No hablo de una cultura triste y pensativa, hablo de calidad. Lo que Fellini denunció es la falta de calidad, de calidad de la vida, el aplastamiento sobre la busca de la riqueza a cualquier precio, el vivir a una solo dimensión...
P. ¿Tiene usted un Viaje a Tulum, una obra inconclusa?
R. Inconclusa no. Ahora tengo que entregar a finales de mes la última parte de Los Borgia. Y luego tengo previsto trabajar a la historia de la modelo del pintor Caravaggio, Anna Bianchini. [Se levanta y enseña con el dedo un recuadrito con una mujer con un traje rojo entre las decenas de retratos de mujeres que plagan una de las mesas de la sala de exposición].
P. ¿De los personajes de la actualidad política contemporánea, a quién dedicaría una serie?
R. Personajes de aventura, hay muchos. [Se ríe]. Pero yo creo que en general la vida más extraordinaria que merece ser contada es la de Obama. Si uno considera que su abuelo vivía en un pobre pueblo de Kenia, que el nieto de este hombre se haya convertido en el presidente de EE UU, es extraordinario. Merece ser contado.
P. ¿Qué efecto le hace cuando le llaman maestro?
R. Me hace sentir más viejo, aunque ya lo soy [Se ríe]. Y pienso en cuando yo llamaba maestro a Hugo Pratt.